martes, 23 de febrero de 2010

HERIDAS QUE SANAN

Estaba aquí sentado en mi vieja silla, queriendo escribir sobre cosas cotidianas y penas del corazón, pero una sombra se asomaba a mi puerta, era mi sobrino Edison que tenía la cara triste como un cachorrito abandonado, me pregunta que estoy haciendo y si puede ver lo que escribo, lo dejo acercarse a pesar de que muchas veces lo he echado a gritos, no porque sea un tío malo, sino porque si lo dejo acercarse, el pequeño me logra convencer y termina haciéndome a un lado para ponerse a jugar en la computadora. Y no estamos en tiempos de ocio, hay que escribir, porque este blog es como un vicio que no puedo abandonar por más que quiera.

Edison aun con la cara triste me cuenta de que le ha salido una herida en su piecito, y que entre su madre y su abuela lo han torturado como prisionero iraquí, han usado pinzas, remedios caseros, alfileres y creo que hasta ganchos para ropa. Ha sufrido tanto que parece que la cara tristona le durara todo el día. Yo lo siento a mi lado y mientras me cuenta sus memorias y las transcribo, le explico lo que significa cada palabra que aun no ha llegado a entender. Me pregunta cuánto tardan en curarse las heridas, yo le digo que no lo sé a ciencia cierta, que hay heridas que perduran mucho tiempo, y que forman cicatrices que nos ayuda a madurar cuando las vemos, no siempre las heridas son tragedias que uno debe lamentar, sino son pruebas que nos manda el destino para saber que tan fuerte somos. El solo sonríe, me mira muy atento, aunque luego se distrae cuando ve una caja colorida que trajeron anoche, no lo puede evitar, apenas tiene ocho años y la vida aun le aguarda mucho tiempo para aprender. Me gustaría estar siempre cerca para que podamos aprender juntos, sostenerlo en sus caídas, alentarlo en sus juegos de la escuela y de vez en cuando sentarlo a mi lado y ser cómplices en mis escritos que algún día leerá.

No han pasado ni veinte minutos y su rostro ha cambiado, se ve más sonriente gracias a mis bromas y mis respuestas apresuradas, su madre se quiso acercar pero la echamos a los gritos, esto es una charla de hombres. Edison me dice que ya dejo de dolerle el pie, dándome la razón en que hay heridas que sanan muy rápido. Yo lo miro con ternura, acaricio su cabello corto, sus lindas orejitas, deseando estar ahí, cuando le toque enfrentar heridas más duras. Es hora de retirarme, el pequeño diablillo me ha convencido nuevamente de quedarse en mi silla y jugar en mi computadora. Buenas noches.

4 comentarios:

Teperepe dijo...

Que suerte de Edison.

Lovely dijo...

Es inevitable lo que le espera a Edison, asi es la vida, tendrá que caerse mucho y levantarse de nuevo, lo bueno que le puedes dejar son tus consejos sobre la vida, pero me alegra que hayas compartido con tu sobrino esa tarde, se ve que él lo necesitaba, y aprendio algo nuevo sobre heridas, tus respuestas él mismo le dara la razón mientras crece, un beso, me encanto tu entrada, algo cotidiano sobre tu vida, eso es muy bueno saber ^^ un beso cuidate y hasta pronto =)

Trovadicto dijo...

Es tan tierno ver una vida crecer, aprender de su mano y sobre todo estar ahi para aplaudirlo o animarlo.
Gracias por leerme. Un abrazo

saje_6 dijo...

Hola sin duda un escrito que nos deja mucho en que pensar, una herida nos hace ver lo vivos que estamos, y las cicatrices son para recordarlo.

Un saludo.