sábado, 4 de abril de 2009

ENCUENTROS FURTIVOS


Ella viene de noche, me espera en la esquina de siempre, cruce de Av. Las Palmeras con la calle Universitaria, suele llegar diez minutos tarde pero con unas ganas intensas por besarme, me pide disculpas por la demora y mirando a cada lado de la calle como evitando testigos, me pide que nos apuremos en entrar. Estando en el Hotel “Éxtasis” pedimos la habitación de siempre, numero 305 con ventana hacia la calle, ella va subiendo las escaleras mientras me dan la llave, para no ser vista por la gente curiosa y me espera en la puerta del cuarto. Ya dentro de la habitación se recuesta sobre la cama y me pregunta por mi, si me fue bien en el trabajo, si ya termine de estudiar el curso que tenia en la universidad, cuantas veces he pensado en ella, cuantas noches la extrañe.

Entre charlas pasajeras y preguntas sencillas, me recuesto a su lado y le digo que deseaba tanto una noche como esta, estar a su lado y respirar su perfume que tanto quise volver a sentir. No hablamos de amor ni de cosas futuras, eso no estaba en la agenda, hablamos de supuestos, de las formas de huir de la voracidad del mundo que nos consume de a poco, de las reglas y códigos que a veces se deben romper para sentir el sabor de la vida.

La noche transcurre entre besos y caricias, entre gemidos y suspiros de melancolía. Por un momento nos acordamos de amar sin complejos ni ataduras, luego de unas horas, ella se pone la ropa, busca su bolso para maquillarse un poco, se pone los zapatos y se marcha sin despedirse apagando la luz. Yo me quedo echado mirando su sombra a contraluz, con los ojos medio cerrados, como fingiendo dormir, cuando ella sale me aso
mo por la ventana para verla tomar su taxi, bajo la oscura niebla de la madrugada, la veo perderse a lo largo de la avenida Palmeras. Sin mas manos que mi manos, con algo de sueño todavía, con un poco de sudor sobre las sabanas, rebusco un papel, cojo un lapicero…. Y me pongo a escribir sobre las oscuras caras del amor.

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