martes, 7 de septiembre de 2010

TOCANDO FONDO

Aprendemos a morir sin lamentarnos, para los que nunca aprendimos a vivir, la muerte es solo un desenlace inevitable al que hay darle la bienvenida guardando silencio. Pasamos nuestra existencia quejándonos de todo, hasta del aire que no respiramos, sin ser escuchados jamás. Por eso ya no cabe quejarnos cuando estamos de salida. Somos ese lado miserable de la que no hablan las estadísticas, la peor parte del mundo al que la otra ni siquiera se atreve a mirar.

Pero de vez en cuando sonreímos, porque hasta el más miserable de nosotros ha podido sonreír alguna vez. Bajo la sombra del amor pude ser feliz, pude encontrar pequeñas dosis de sentido a mi vida, estando entre los brazos de aquella mujer que ahora ya ni me recuerda, pude conocer un escalón más arriba de mi calaña. Sin embargo no siempre eso basta para trascender en este mundo cada vez más voraz.

Aprendemos a morir tal como hemos vivido, sin hacer ruido y con las rodillas en el piso. Nadie hablará de nosotros, nadie se atreverá a nombrarnos en los discursos fúnebres, tampoco queremos ser recordados. Al que no tuvo la valentía de lanzar un grito en vida, es mejor morir callado. El silencio siempre será la tumba de los cobardes.

1 comentario:

Teperepe dijo...

La palabra no muere, como pudiera morir la carne. Recordarte será glorioso a través de cada uno de tus escritos, a través del tiempo y el espacio que limita solo el pensamiento.


Un abrazo grande pa'ti
Tere