Todavía escucho tu voz detrás de las paredes, como si hubieses sido encerrada en los limites de cada habitación. Todavía sonrió cuando veo amaneceres, tardes en el mar y noches bajo la lluvia. Todavía guardo tres monedas en el bolsillo, por si me pierdo y me dan ganas de llamarte para recuperar el aliento. Todavía guardo tus besos en una caja de madera, vigilada por duendes y hechiceros. Todavía escribo metáforas que nadie las entiende, todavía me imagino escribir algo tan bello... que te haga regresar.
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