jueves, 10 de diciembre de 2009

UN DIA EN SU VIDA

Cuando Edison llego a su escuela estaba listo para su examen de comunicación, había repasado la tarde anterior junto a sus libros que les compro su mamá, así que estaba listo para su prueba final. Cogió su lápiz, le saco punta con su tajador verde, coloco su borrador sobre la mesa por si había cosas que corregir, llego la hora indicada y la maestra informó que el examen se iniciaba. Edison empezó resolviendo los problemas que hablaban de los adverbios, cosa sencilla para él que es buen estudiante, luego terminó con las concordancias entre el sujeto y el verbo, en realidad el examen no era muy difícil para Edi porque está acostumbrado a sacar buenas notas, pero había que recuperar el primer puesto que se le había sido arrebatado hace unos meses por una niña llamada Rebeca.

Terminado el examen de comunicación, entrego sus lápices y colores a su maestra y salió a la puerta de su escuela donde su abuela Kisita lo estaba esperando para llevarlo al doctor a hacerle sus análisis para saber porque le estaba aquejando dolores en el estomago. El doctor le saco un poco de sangre y lo citó para los siguientes cuatro días para hacerle más exámenes. Edison está cansado de tantos exámenes, sobre todo para los que no hay que estudiar nada, porque él está acostumbrado a andar pegado a sus libros. Llegando a la casa lo veo andar cabizbajo, inundado en una tristeza no muy entendible para su edad, lo siento a mi lado y me pregunta cómo se curaban los incas y si las inyecciones dolían tanto como en estas épocas, yo le digo que en esa época no existían las medicinas de ahora, que en esos tiempos te abrían el cuerpo sin anestesia si es que no te morías antes, el pequeño me muestra su brazo con un algodón en medio que tiene un punto rojo que era su sangrecita, me pregunta si la medicina ha avanzado mucho porque siguen doliendo tanto las inyecciones, pero no se que responderle, luego le dije que tal vez el dolor no es síntoma de que algo esté mal, sino solo un precio que hay que pagar para que las cosas vayan mejor, y sé que en su tierno y dulce razonamiento lo pudo entender.

Me pregunta si puede ayudarme en lo que estoy haciendo, acepte gustoso y le pedí que me cuente sobre un día en su vida, el pequeño apoyándose en mi espalda me cuenta de lo que fue su examen y su visita al doctor, mientras yo escribo lo que sus labios me dictan, sus apenas ocho años me llenan el corazón cuando me habla con su acento gracioso, contándome sus miedos y alegrías. Edison me pregunta que hare con lo que escribo, le cuento que tengo un blog en internet donde hablo sobre las vivencias de un ser nocturno y silencioso, me dice que le gustaría que ponga este escrito en mi pagina para que un día cuando su mama lo deje, entre al internet a leerme. Es hora de cerrar la computadora, mi sobrino me pide que le cuente más de los antepasados incas mientras nos echamos en la cama como dos haraganes incorregibles, a veces ser un animal nocturno cansa… buenas noches.

3 comentarios:

kalima dijo...

Que orgulloso se sentirá Edison el día que pueda leer tus blogs.
Dejarás de ser su tio para pasar a ser su héroe.
Un saludo navideño

Trovadicto dijo...

gracias por tus palabras, hacer el papel de tio es algo que me gusta mucho. Me gustaria ser mas que su heroe, ser su mejor amigo.
Un abrazo kalima, y que tengas unas lindas fiestas.

daalpevi dijo...

De entre las muchas cosas que perdemos cuando crecemos, pocas son rescatables. Y es la noblesa de ser niños y ver las cosas con la magia que ya nuestros ojos no ven. Lo turbio de un mundo apurado, atropellandonos.
Es tierno y sincero tu cariño por tu sobrino Rene!