martes, 26 de agosto de 2008

EPITAFIO

Te sentí tan lejana cuando te dije que te quería, sin embargo pudiste callar mis dudas al besarme de esa forma tan sensible. Tus labios dijeron mucho mas al callar lo míos con ese beso, me trague tus palabras dulcemente letra por letra mientras cerrabas los ojos y me abrazabas muy fuerte en aquella banca de la Plaza Mayor. Sentí que el amor asomaba sus manos para posarse bajo tus pisadas y estaría siempre conmigo mientras yo estuviese contigo, me volví adicto a tus caricias y tu blanca desnudez, a los amaneceres junto a tu boca, a tu aroma que nunca se iba.
Un día recogí distintas flores de los jardines que había en el camino y escribí tu nombre bajo tu puerta, toque el timbre y me escondí detrás de los árboles. Nunca olvidare el gesto de sorpresa que hiciste ya la risa que soltaste, supe que siempre me amarías, que no existía aun la razón para que pudieras marcharte, que no se había inventado todavía la manera de destruir todo esto que sentíamos. El amor nunca muere, solo cambia de lugar.
Míranos aquí esta tarde que ah empezado a llover, juntos otra vez como hace tanto tiempo, como siempre soñamos que seria. La vida nunca fue la misma sin ti, tampoco intente que lo fuese, he esperado el momento de poder volver a soñar juntos, que somos dos aves libres del tiempo que juegan a buscar el amor en el aire, abrigar tus alas del frío inmenso que nos invade algunas noches que nos extrañamos. La noche esta por llegar y es hora de vivir, hoy volví a escribir tu nombre con los pétalos de flores que te traje, letra por letra lo escribí bajo tu lapida como si fuera un epitafio que perdurara en el tiempo. Y antes de marcharme me pareció oír la misma risa que alguna vez me hizo feliz, que alguna vez nos hizo feliz. Tenias mucha razón… el amor no muere.

1 comentario:

Ailen Zanetta dijo...
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