miércoles, 7 de enero de 2009

MI NIÑEZ

Mi casa era de ladrillos y sin pintar, tenia de techo varios troncos cubiertos con esteras y cuando llovía teníamos que poner capas de plástico sobre las esteras para cubrir los agujeros, pero nunca podíamos cubrir todo el techo así que teníamos listos las tinas y ollas para evitar que nuestro piso se inunde de barro. Nuestro piso no era de cemento ni de parquet sino de tierra, lleno de baches donde muchas veces hacia hoyos para poder jugar a las canicas, no teníamos habitaciones separadas pues todo estaba mezclado en las mismas cuatro paredes, es decir que la cocina, el comedor y las camas estaban en el mismo lugar. Mi puerta no tenia cerradura, cuando no había algún adulto en la casa lo trancábamos con un viejo madero que hundíamos en el suelo para que nadie pueda entrar sin nuestro permiso y cuando no quedaba nadie dentro, juntábamos dos alambres y le poníamos un candado en medio. No teníamos ventana hacia la calle ni hacia ningún lado, solo podíamos ver afuera por las grietas que tenia mi puerta, ah y me olvidaba; mi casa no era mi casa, sino que fue alquilado por mis padres.

Yo era el menor de los tres hijos y el único varón así que muchas veces mis hermanas salían a defenderme cuando los mas grandes me hacían llorar, pero mis amigos no lo hacían con mala intención sino que cuando eres niño siempre estas expuesto a juegos crueles, a mi me avergonzaba que un mujer tenga que defenderme y deseaba crecer para poder pelearme solo. Me hubiese gustado tener un hermano pero nunca se lo dije a mis padres, me sentí solo muchas veces por esa ausencia del hermano mayor pero aprendí a sobrellevarlo aunque nunca fue fácil, sobre todo cuando casi todos mis amigos tenían hermanos mayores menos yo. Pero tuve muchos amigos y entre tantos hubo alguien que fue como mi hermano, solo tenia un año mas que yo pero yo sentía que tenia mas, casi siempre me defendía de los mas grandes en la escuela y evitaba que me meta en problemas o si lo hacia el estaba a mi lado para pelear conmigo. Nunca olvidare aquel día en que nos quedamos sin el pasaje de autobús y tuvimos que caminar como tres horas para poder regresar a casa, tan solo teníamos siete y ocho años pero aquella noche le perdí el miedo a la calle.

Fui un niño mas en esa calle donde vivía, participaba en los mismos juegos que ellos, aunque mi trompo haya sido el mas chico y mi cometa pudo haber sido la mas barata de todas, ellos jugaban conmigo como si esas cosas no importaran, es que cuando eres niño nunca importan, la inocencia de los años te hacen ver solo a través de los ojos y cuando eres pequeño siempre andas mostrando el corazón entre las manos. Mis padres eran muy pobres que casi nunca los veía porque trabajaban todo el tiempo, me acostumbre a verlos muy poco, pero cada dos o tres meses mi papa nos llevaba a comer afuera que para nosotros era todo un acontecimiento, todos nos poníamos nuestra mejor ropa y nos arreglábamos para ese día, y con todos tomados de la mano íbamos al restaurante de la esquina donde vendían comida china, era nuestro día familiar y había que disfrutarlo al máximo.
Entre las goteras que a veces no dejaban dormir, entre las veces que solía despertar y veía a mi madre preparando el desayuno frente a mí, las veces que de madrugada oía el ruido de las llantas de la carreta que me avisaban que mi padre volvía a casa, a ese lugar sin techo, sin ventana y sin cerradura que me abrigo durante mi niñez, pude ver pasar ante mi una vida maravillosa. Pues entre tantas privaciones que tenia aquella casa que no era mi casa, aprendí a amar las cosas sencillas, aprendí que la pobreza no es tan mala como ahora dicen. Pues entre todas esas cosas… yo nunca fui tan feliz.

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