miércoles, 27 de octubre de 2010

SI EL NORTE FUERA EL SUR



Fabricio llega a la casa de su novia Rosario con un ramo de flores en la cajuela de su camioneta, una tarjeta escrita por la dueña de la florería y una sonrisa en los labios. El no tiene la facilidad ni los ánimos de ser romántico, no sabe ni que escribirle ni que cosas decirle a su novia para que caiga rendida a sus pies. Pero no sabe que ella estará muy contenta con solo ver las rosas, aunque fuese ella misma la que le dio la idea de comprar tamaño obsequio.

Omar junto algo de dinero para poder llevarle algo lindo a su novia Angélica, pero en la tienda donde entró le han dicho que su dinero no le alcanza para nada, entonces ha ido al parque del supermercado y a cortado los tulipanes que crecían libremente, arrancó una hoja de su cuaderno y escribió una canción de Ismael Serrano que estaba segura que su novia nunca escuchó. Al llegar a la casa de su chica con su pequeño obsequio, ella no lo puede creer, le parece un sueño que haya tenido un detalle tan lindo como ese, lo abraza, apoya su cabeza en el hombro de Omar y le dice que lo ama, que nunca olvidara este San Valentín.

Fabricio trabaja todo el tiempo, solo vive para su profesión, pero algunas noches lleva a su novia a lugares caros, le compre las mejores cosas, le da todo lo que el dinero puede dar, incluyendo el amor. Cada fin de semana alquilan una casa fuera de la ciudad y pasan juntos las mañanas más placenteras, las tardes más amenas y las noches más aburridas (no se puede tener todo). Fabricio quiere a Rosario, pero nunca lo demuestra, o quizás no sabe como demostrarlo. Sabe del amor como sabe de negocios o de la vida, pensando que ”el fin siempre justifica los medios”. No le gusta la música de Ismael Serrano ni los poemas de Vallejo, aunque a su novia le encantan ambas cosas.

Omar espera con ansias el fin de semana, porque la pasara con su querida Angélica, piensa llevarla a un cine de medio pelo y luego a comer en la fonda de su barrio, talvez caminar cerca al mar y escribirle un verso frente a la orilla. Cuando sea fin de mes y le paguen, Omar piensa ir al Castillo de Chancay con su novia, disfrutar una tarde en paz, lejos de todo el trabajo y el estrés, no piensa pasar la noche en ese lugar porque es muy caro, su dinero solo le alcanza para medio día, y eso para Angélica es suficiente, ella solo quiere que Omar siga a su lado y le diga cosas lindas. Porque los del sur, son felices con muy poco.

Una noche de Marzo, Omar y Rosario se encuentran en una tienda de discos, preguntando por el mismo artista: Ismael Serrano. Pensaron que era una agradable coincidencia y prolongaron la charla en un café. Omar y Rosario fueron amantes, de esos que comparten solamente los buenos momentos, que hablan de poesía y conciertos de trova, de amaneceres tibios sobre una cama alquilada. Ni Fabricio ni Angélica sospecharon nunca de sus parejas, eran los mejores farsantes de la ciudad. Pero el tiempo es experto en desgastar la pasión y devorar las caretas que usamos para sobrevivir. Rosario se cansó de los hoteles de mala muerte, de caminar por la playa y los poemitas baratos que Omar le escribía, ella deseaba algo que él no podía darle, ella deseaba seguridad, lo que su novio Fabricio podría comprar muy fácilmente con su dinero.

Ellos se despidieron una tarde de Octubre, después de hacer el amor en el hotel mas exclusivo de San Isidro, todo pagado por Rosario. Juraron extrañarse al día siguiente y olvidarse pasado mañana, tal como ordena el manual de los amantes. Hubo cartas tristes, promesas a largo plazo, confesiones de arrepentimiento, pero nunca más volvieron a estar juntos. Porque cuando la vida desata un nudo, solo empieza a tirar la cuerda y no se detiene nunca.

Ahora Fabricio es feliz con Rosario, pensando que ella también es feliz a su lado, todavía no ha aprendido a demostrarle que la quiere, pero eso a ella ya no le interesa, con el tiempo supo convivir con sus resignaciones. Omar sigue yendo a los cines de medio pelo con su chica, sigue invitándole a los chifas de su barrio, y hacer algo interesante cada fin de mes. Angélica se siente feliz a su lado, ya supo quien es Ismael Serrano y le agrada escucharlo. Siente que no cambiaría nada, que las cosas están muy bien así, ni un escalón mas arriba ni más abajo. A veces el conformismo es una bendición. La vida sigue transcurriendo sin reparos en la pequeña Lima, en la hermosa Lima. Los del Norte y los del Sur, cada quien en su lugar, buscando la felicidad como saben hacerlo… sin volver a cruzar sus caminos.

2 comentarios:

Ana María López dijo...

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