jueves, 17 de mayo de 2012

ANDROMEDA




Llegaste a mi vida en instantes inadecuados, pero llegaste. No me pertenecías ni planeabas hacerlo. Solo tu belleza se topo con mi locura y compartimos una amistad sincera y fabulosa. Era tu confidente y también aquel que guardaba tus miedos y desvaríos. Me gustabas en secreto y nunca te lo dije, pensé que echaría a perder lo que habíamos ganado. Pero una tarde te fuiste sin despedirte, decidiste tomar un camino sin regreso, no pude mirarte a los ojos y decirte “adios” o dejarte un abrazo que te dure el mayor tiempo posible. Un beso que me dure el mayor tiempo posible. Te fuiste de mi historia como llegaste, muy rápido y sin avisar. Aprendí a vivir sin ti como he vivido sin muchas cosas. Pero un día volviste a aparecer.

No dude un instante, te escogí entre todas mis compañías y te hice mi amante. Me hice parte de tu tiempo, te regale mis momentos. Me gustaba que aun sabiendo las peores cosas de mí, todavía pedias saber más, sin espantarte o juzgarme. Querías conocer lo que había detrás de este animal nocturno, buscador de pecados y malas costumbres. Me hacías reír, incluso cuando no había de donde sacar sonrisas. Aunque tu historia se escribió en otro contexto, parte de páginas de otro libro, yo te siento tan mía como cuando te conocí. Me acostumbré a ti. Eres todo lo que un poeta desea tener, un amor platónico, lejano, fantasioso, clandestino, pero real. Eres tan distante como la galaxia Andrómeda, que aun sin tocarte puedo saber que estas ahí, existiendo luminosa, rodeada de estrellas en el firmamento.

Juramos siempre buscarnos después de que baje la marea, no despedirnos nunca del todo, donde quiera que estemos, encontrar el camino de regreso. Hemos dibujado mapas en nuestros cuerpos, sabemos donde tenemos guardados los secretos, donde escondemos nuestros puntos débiles. Algunas noches miro hacías atrás y no logro entender como he sobrevivido tanto tiempo sin esas cosas importantes del que está hecha la vida: el miedo, la culpa, el orgullo, el amor. La noche sigue transcurriendo y aun sigo sin encontrar mi lugar en este mundo, lo único cierto es que no deseo estar lejos de ti… mi Andrómeda. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso sentimiento!

Que nada ni nadie, ni siquiera la distancia, ni la realidad, los separe.

Abrazos alados!