
Donde quiera que estés...Gracias.


Como las aves que vuelven a su nido, como la lluvia que regresa a las nubes al final de su ciclo, como las canciones que terminan con la misma frase con la que empezaron, así estoy yo ahora, con mi viejo cuaderno que me dicta las estrofas, que no adorna lo que digo, que no escucha lo que pienso. Estoy sentado detrás de mi ventana, desnudando mi memoria, reinventando nuestra historia, dibujando los detalles…con tal de seguir escribiendo.

Ahora que no estás conmigo, mi habitación se ve más grande, los espacios son inmensos, cuando suelto un grito mi voz ya no llega a la ventana, ni siquiera el eco que acompañaba mi canto se ha quedado a observarme mientras me lamento. Soy un ser muerto en vida, insomne, patético, suicida, que busca todos los caminos para caer en el dolor de la nostalgia. Estoy a la espera de un perdón de un crimen que no cometí, pero esta noche toda ayuda para seguir respirando.
Son casi las dos de la mañana y un mensaje tuyo me llega al celular, pidiéndome que esté tranquilo, que a pesar de todo me sigues queriendo. Fue como un respirador artificial, como una inyección de morfina a última hora. Lo demás fue muy sencillo, me sentí cansado, somnoliento y luego de unos minutos y varios suspiros, me apoye en mi almohada… y dormí como un niño.

La noche me cobija como al mejor de sus hijos, ya el dolor ha cesado un poco, ya los gatos no hacen ruido en mi techo en señal de luto, los perros han dejado pasar a los ladrones con tal de conservar el silencio, todos se solidarizan conmigo mientras intento escribir. Las estrellas se asoman a mi ventana como adornos centelleantes, el viento solo camina por mi calle y se acerca en forma de suspiro. Todos se han reunido en mi habitación y me piden que no deje de quererte, que el amor no sabe de olvidos ni rencores.
Una lágrima cae dibujando un corazón sobre mi hoja en blanco, incluso ella me dice que también te quiere esta noche silenciosa. Yo recuerdo tu llegada una mañana de octubre, los besos que nos dimos, y empiezo a amarte en otras dimensiones, como la memoria cuando solo guarda las cosas bellas. Y fue entonces que las palabras llegaron… para hacerme compañía.
Edison aun con la cara triste me cuenta de que le ha salido una herida en su piecito, y que entre su madre y su abuela lo han torturado como prisionero iraquí, han usado pinzas, remedios caseros, alfileres y creo que hasta ganchos para ropa. Ha sufrido tanto que parece que la cara tristona le durara todo el día. Yo lo siento a mi lado y mientras me cuenta sus memorias y las transcribo, le explico lo que significa cada palabra que aun no ha llegado a entender. Me pregunta cuánto tardan en curarse las heridas, yo le digo que no lo sé a ciencia cierta, que hay heridas que perduran mucho tiempo, y que forman cicatrices que nos ayuda a madurar cuando las vemos, no siempre las heridas son tragedias que uno debe lamentar, sino son pruebas que nos manda el destino para saber que tan fuerte somos. El solo sonríe, me mira muy atento, aunque luego se distrae cuando ve una caja colorida que trajeron anoche, no lo puede evitar, apenas tiene ocho años y la vida aun le aguarda mucho tiempo para aprender. Me gustaría estar siempre cerca para que podamos aprender juntos, sostenerlo en sus caídas, alentarlo en sus juegos de la escuela y de vez en cuando sentarlo a mi lado y ser cómplices en mis escritos que algún día leerá.
No han pasado ni veinte minutos y su rostro ha cambiado, se ve más sonriente gracias a mis bromas y mis respuestas apresuradas, su madre se quiso acercar pero la echamos a los gritos, esto es una charla de hombres. Edison me dice que ya dejo de dolerle el pie, dándome la razón en que hay heridas que sanan muy rápido. Yo lo miro con ternura, acaricio su cabello corto, sus lindas orejitas, deseando estar ahí, cuando le toque enfrentar heridas más duras. Es hora de retirarme, el pequeño diablillo me ha convencido nuevamente de quedarse en mi silla y jugar en mi computadora. Buenas noches.

Ella se mezcla entre sensaciones que no logra comprender, se pierde en su propio laberinto, donde la salida tiene dos vías, pero no está todavía segura si lo que desea es salir.
El la espera sentado en su viejo sofá viendo el televisor, recordándola mientras transcurren los comerciales, imaginándola con una canción de Silvio o cuando Tom Hanks besa a Meg Ryan en una película de internautas.
Ella no sabe a dónde ir, su corazón ha sufrido mucho y teme equivocarse, aunque sea otro corazón el que sufra con las consecuencias. Solo tiene fotos de un pasado y caricias de un presente, que difícil se hace amar esta vez.
Él le escribe poemas que ella tal vez ya no lea, la distancia es tanta que el único puente son las palabras, de las cosas que nunca se pudieron decir.
Ella ya no quiere cruzar puentes, las palabras hace mucho dejaron de entusiasmarla, solo quiere hechos sólidos, realidades que puedan palparse, aunque solo sea por una noche.
Él va perdiendo la batalla, escribe un epitafio a ese amor que agoniza desde el primer día que dejaron de verse, aun sin comprender porque le duro tan poco.
Ella dibuja una mentira en su pizarra, ese es el plan de mañana, luego nadie sabe lo que va a pasar, el presente es la única emoción a vivir.
Él está sentado en su viejo sofá, esperando un avión que quizás no llegara, una llamada que nunca va a sonar, un sueño que caerá por la ventana para estrellarse con el piso cuando despierte.
Ella se siente sola hoy, y se sentirá sola el resto de su vida porque no sabe amar. Escribe un mensaje pidiendo un encuentro, coge su abrigo y sale por la puerta, buscando solo por una noche… lo que no supo mantener para siempre.

La vida se pone más oscura, puedo seguir muchos caminos a partir de ahora, pero tú eras la brújula que me decía realmente a donde quería ir.
La soledad ya no es la misma compañera de antes, ahora me mira celosa, con rencor y desidia, porque la cambie por ti sin avisarle que un día iba a regresar.
El silencio ya no me quiere, me infringe dolor apenas se asoma, porque cuando todos callan, tu recuerdo me invade como si fuera un infarto dispuesto a matarme.
Los días de Febrero son los más crueles, abarcan nuestro aniversario, San Valentín y tu cumpleaños bajo sus brazos y yo sin poderte decir nada porque no tengo como encontrarte.
El futuro se pone incierto, se ve más duro, sin motivo alguno para darle lucha, aunque todo el mundo allá afuera sea más infeliz que yo, pero esta noche el futuro me produce miedo.
El amor existe, a pesar de todo lo que pude haber vivido en el pasado, he comprobado que el amor existe… y dura más de cien días.

Pudo ser peor, lo reconozco, nadie se ha muerto por un adiós, solo es un dolor atroz que sufre el corazón, estoy acostumbrado, muchas veces he visto la mirada del espejo en otras mujeres, me acusaron de mentiroso, han jurado olvidarme y algunas veces hasta lo han logrado, no contestaban mis llamadas, no me saludaban al pasar, a tanto odio han llegado que cuando me sentía solo, ellas sonreían.
Pudo ser peor, no hay de que preocuparse, solo fueron sus mentiras las que terminaron la pasión. Pudo ser peor, lo digo por el bien de ella, porque pude haberle mentido yo… y eso si que no me lo perdonaría.

No agaches la mirada, sigue mirando adelante, no te salgas del camino, no te eches a llorar, no tengas miedo del futuro, no reniegues del presente, no añores el pasado. No quemes mis escritos, no borres mis mensajes, no desconfíes de la gente, no reclames las promesas, no te apoyes en las mentiras, no te ocultes del amor… todo eso déjamelo a mí.

No contestes el teléfono, deja que se pierda la llamada, no le busques tres pies al gato, no te apoyes en un sueño, el amor real siempre es mejor. No conteste el teléfono, deja que los timbres se ahoguen en el silencio, que la paciencia se termine, que las esperanzas agonicen.Deja solo el contestador, no vayas a levantar el teléfono… que podría ser yo diciéndote que te amo.

Aun recuerdo su carita cuando me decía te quiero, como se achinaban sus ojos con las vocales, como temblaban las consonantes en sus labios, parecía poderosa, sonreía despacito, y cuando me tocaba, la vida era otra cosa.
Aun recuerdo sus modales, su cabello suelto que me enloquecía, sus rulitos juguetones, sus uñas de colores, sus zapatos tacón alto, para poder darme un abrazo. Recuerdo casi todo de ella… menos sus promesas.

Cuando tomaste ese avión quise irme contigo, meterme en tu maleta, cubrirme con tu ropa, fingir ser polizonte, pero recordé que las personas como yo no salen de este mundo. He deseado ser extranjero, quizás afgano, israelí, ghanés o tangamandapiano, pero recordé que no soy de ningún lado y no iré a ninguna parte, mi destino es quedarme aquí sentado, escribiendo historias que nunca sucederán, fingiendo ser el narrador de un cuento donde el héroe muere al final.
Cuando tomaste ese avión quise irme contigo, porque estaba casi seguro… que ya no regresarías más.

Nunca dije la verdad, pensaba que las mentiras eran mi mejor escudo para no salir herido, tengo más nombres de los que mis padres pudieron imaginar para mi, tengo cartas que nunca contesté, papeles con números telefónicos que nunca abrí, solo era un animal nocturno que se saciaba del veneno y del pecado, cómplice de la noche y amante de las cosas muertas.
Cuando te conocí, guarde mis mentiras y en vez de verme desarmado, me hiciste sentir protegido. Me cobije entre tus piernas, te recité un poema que hablaba de nosotros, te hice mujer a mi lado, y por un instante… me hiciste sentir un ser humano.

Mi cama me anda preguntando donde estas, le dije que fuiste a planear tu viaje de regreso, que no tardaras en llegar, porque el amor nunca morirá. Mi cama está muy triste, se ha dado cuenta de que le he mentido, me acusó de canalla por haberla engañado, me ha jurado venganza y dice que llenara mis noches de pesadillas.
Desde ese día ya no duermo en casa, paseo por calles oscuras, amanezco en los bares, me siento en las bancas del parque con unas botellas de alcohol y malas compañías. Esperando que un día de estos… mi cama llegue a perdonarme.

Tocaba tu mano mientras llorabas por mi culpa, te pedí perdón por ser como soy y no lo que tu hubieses querido, pero esa era mi naturaleza y es así como me habías conocido. Te dije que no era sencillo y te lanzaste conmigo sin remordimientos, hice mi mejor intento con la única condición de que no me dejes de querer.
Te dije que no te vayas porque le tenía miedo a la soledad, a ese silencio maldito que agobia la mente y los sentidos cuando sabes que nadie vendrá. Luego tú secaste mis lágrimas y prometiste nunca irte, que te quedarías conmigo para siempre, porque nuestro amor era distinto a todos los demás. Pero te marchaste apenas pudiste, dejando un vacio que ya no se llenará.

Me buscaste entre tus sueños mientras yo padecía de insomnio, te atravesaste en mi calle, me preguntaste la hora, me reconociste enseguida, era yo el que imaginaste caminar por la playa esperando por ti.
Yo existía de noche y dormía de día, amaba solo un par de horas y después salía huyendo, me inventaba nombres que no eran los míos para no ser reconocido, me aburría amanecer dos veces en la misma cama, escuchar siempre la misma mentira, “te llamare mañana”.
Tú buscabas el amor y yo buscaba un salvavidas, tú querías algo para siempre, yo solo quería huir de las mentiras, ser yo mismo aunque nadie me acepte. Pero tú me aceptaste, entonces me hablaste de tu sueño, donde estaba yo caminando en la orilla esperando por ti… y amarte fue más sencillo.

Desearía volver al pasado aunque sea por un instante, hacer más viajes contigo, visitar más lugares, darte los besos que nos hacían falta, abrazarte más de cerca, recogerte del trabajo, llevar tus libros toda la calle, hasta sentarnos en un parque para poder escribirte sobre la envoltura de un chocolate, algo parecido a esto.
Desearía volver al pasado, tomarme una foto contigo y publicarla en los periódicos, decirte que te amo desde la primera vez que lo sentí y no esperar una pelea para hacerlo. Desearía volver al pasado, para esquivar tu mirada, no haberte conocido nunca… y no recordar ni tu nombre.

Estas haciendo tu equipaje, puedo verte a través de tu ventana, guardas todo a tu paso, libros, lapiceros, lazos para el cabello, mucha ropa y algo de dinero. Pero dejas las fotos de tu muro, las pruebas de tus viajes, las montañas que escalaste, las noches que has llorado.
Estas haciendo tu equipaje, lo presiento a pesar de estar lejos, estas borrando todo lo que tenga mi nombre. Yo mientras tanto escribo el tuyo en la arena de esta playa desierta, y si las olas intentan borrarlas, las vuelvo a escribir… hasta que dejes de dolerme.

Ahí va la mujer que no mira hacia atrás, la que destruye todo a su paso, la que sonríe a medias, la que inventa mentiras y las hace verdad. Ahí va la mujer que no tiene alma, la que no llora al leer un poema, la que no tiembla ni cuando recibe rosas, la que no recuerda el pasado, la que no cumple promesas, la que no pide disculpas, la que duerme tranquila. Ahí va… la mujer que no sabe amar.
Durmieron en cubetas, de algún mercado artesanal, se juntaron en manadas, se entrelazaron con una cuerda, se escribieron un precio en la espalda. Lucían muy bonitas, sensibles, armoniosas, encontraron un dueño enamorado, se subieron a su coche, se asomaron por la ventana, respiraron aire fresco, se hacían bromas entre ellas, se fueron muy contentas.
Cruzaron las fronteras, conocieron los océanos, no pagaron más peaje, no tenían pasaporte, sobornaron policías, se ocultaron, pobrecitas. Se cansaron con las horas, fueron perdiendo sus colores, se arrugaron de a poquitos, pero llegaron a una mano amiga. Cruz
aron la avenida, se metieron a tu calle, te tocaron la puerta, al verte salir se acercaron a abrazarte. Tú solo las miraste, lucias confundida y te oyeron decir: “no me gustan… están marchitas”. Ellas lloraron sin consuelo, te miraban desde una esquina, y con sus espinas aun sentidas, escribieron en el piso: “¿acaso no me recuerdas?... Soy lo que quedó del amor”.
El calendario nos dice que hoy vendrá la nostalgia, siéntate a mi lado y miremos por la ventana, guarda las copas que ninguno de los dos puede beber, enciende un cigarrillo y yo preparare el café. Gracias por estar hoy conmigo Nanikavam.
Es de noche y la luna nos saluda pacíficamente, aunque ambos amamos la luna llena, hoy solo queremos que mire para otro lado. Como llegamos hasta aquí con el corazón hecho cenizas, ni tu ni yo lo sabemos, me preguntas si alguien podría amarte sabiendo tu pasado maldito, te diré que soy la respuesta a tu pregunta, yo me sentí amado aun cuando saque a relucir mis peores demonios, me enseñaron a volar y creer que el mundo era perfecto. El mundo nunca será perfecto, pero la sola idea de verlo así, explica que el amor es la mejor de las ilusiones.
Tus manos suaves desean acariciar un cuerpo tibio, una espalda sensible, pero también desean ser acariciadas, sentir la pasión de dos almas que se encuentran para amarse y planear que harán mañana. No quiero mentirte, tengo la certeza de que no todas las historias tienen finales felices, sin embargo necesitamos intentarlo una vez más. Porque el mundo está lleno de cobardes, por eso es que el amor se desvanece muy pronto y en el peor de los casos lo imitan vulgarmente. Tú y yo sabemos lo que es amanecer vacio con un cuerpo desnudo al lado, no saber qué hablarle después de la medianoche o sentirse solo entre una multitud que ni siquiera se da cuenta a quien tienen al lado. Somos tan iguales como miserables Nanikavam.
Hoy sentimos que el tiempo se detuvo para compadecernos, tu agenda y la mía tienen ese desagradable déficit que solo da la soledad, siéntate a mi lado, a
brázame un poco y deja caer una lagrima junto a la mía. Yo estoy recordando el pasado y tú esperas un futuro que quizás no vendrá. Ambos amamos las lunas llenas, pero esta noche solo queremos… que mire para otro lado.

Aun es verano pero las noches me dejan un ligero escalofrió, mi ventana esta abierta para poder ver el vuelo de los aviones, los gatos me hacen compañía por si les quiero contar mis problemas. Son las tres de la mañana y dormir solo es un acto de rendición, una muestra de debilidad ante la inspiración que llega con las musas nocturnas.
El silencio va ganando terreno, las luces parecen hormigas haraganas que no quieren moverse, el televisor se canso de distraerme, los disparos en la calle me hace notar que el mundo se pone cada vez peor. Son casi las cuatro y mi almohada pide compañía, pero las musas se han posado sobre mi techo y ya se aprendieron mi nombre… hoy solo duermen los cobardes.

Estoy sentado en este banco, con un mundo alrededor que no sabe de ti, ni siquiera sospecha que algún día podrías existir. Me pierdo en fantasías de las mil y una noches, rebusco placeres entre los pliegues de la luna, me oculto entre las ramas de cada árbol sobreviviente, el reloj me dice que mi tiempo se acaba, ya no quedan excusas para quedarme aquí.
Estoy sentado en este lugar que no sabe tu nombre, bajo este cielo que nunca te vio venir. Nada tuyo habita en este mundo, será por eso que me siento mas solo, y me sigo preguntando: “y ahora hacia donde voy?”.
Querida amiga, déjate caer sobre los muebles, sírvete un café y quédate conmigo hasta el amanecer, que ya no queda nadie en pie. Tenemos mucho de que hablar, desde la última vez que te fuiste predecía tu pronto regreso, pero creo que lo hice bien, al menos lo intenté y no queda reclamos que puedan decir. Durante tu ausencia me visitaron distintas emociones y en mi pequeño mundo pude llegar a ser feliz, sabía que la vida tenía destinada una sonrisa para mí.
Ella se marchó buscando razones que la hagan volver, saltando los puentes donde solo ve correr dudas debajo de sus pies, tomó el camino más largo, aquel que me hace agonizar, azotando sin misericordia mis ganas de amar.
Ella se marchó, escribiendo una partida que no tiene fin, dejándome una lágrima, dos besos y tres preguntas sin responder. Ella se marchó hacia un destino que no le hable de mí.
Me leí todas las rimas de Bécquer para poder escribirle un poema respetable, me escuche la mitad de los discos de Sabina en tres noches seguidas y le pregunte a todas mis amigas que es lo que desean oír en un verso. Pero cuando terminé mi escrito… ella no quiso leerme.Hice un pacto con el diablo ofreciéndole media alma, luego hable con dios y le ofrecí mi peor mitad a cambio de nuevas palabras que puedan explicar lo que siento, a veces no es fácil decir las cosas, sobre todo si ya lo has dicho todo. Y cuando al fin pude describir mis sentimientos… ella no quiso leerme.
Me quedé bajo el cielo lluvioso de verano, sentado en un banco viendo los buses pasar, sentí el aullido de los perros que a veces ven almas en pena, quizás deseando ver la mía por casualidad, para sentirme completo y al menos poder armar una estrofa. Y cuando había terminado mis ocho líneas deseadas… ella no quiso leerme.
La noche agoniza entre gritos desconocidos, murmulla reclamos por tan pocas estrellas que hoy han venido, el sol se
asoma sin pedir permiso, amanece temprano y algunos incautos desean leerme, copiar mis letras y tratar de robarle una sonrisa a sus amantes. Pero la vida ha cambiado, ella no está entre ese tumulto de gente, entre esos tres o cuatro que quieren leerme… ahora soy yo quien ya no quiere escribir.
Ella sueña con ángeles que la rodean dándole la bienvenida, el silencio cae despacio sobre sus hombros débiles y fríos, su cabello reposa bajo su pecho quieto, la memoria solo es un leve suspiro que sale por la ventana, ya nadie le dice nada, solo la voz de alguien que logra susurrar: "solo esta dormida".El toma su mano y atrapa sus dedos, la mira fijamente y anhela abrazarla, desea extrañarla al día siguiente cuando tenga que ir a trabajar, cuando la vida recupere su ritmo perdido después de tanta oscuridad.
Ella ya no hace planes, su agenda ha sido abandonada la noche anterior, después de soltar una lagrima como dibujando un adiós, no sabe de gestos, ni de dulces misterios que pueda soñar, entiende de besos, de eternos sucesos que rimen con amar. No quiere palabras, ni promesas vanas, no quiere milagros, no los necesita a donde va.
El tiembla de miedo, se ahoga en el viento, resume su vida sin mirar atrás, recuerda aquel lecho, cuando era su protagonista principal, descifra destinos, inventa caminos que lo puedan ayudar. La habitación ya no esta tan vacía, ha llegado visitas que hablan de ella, de lo mucho que fue o de lo que ya no será.
Ella se entiende con las flores, como si fuesen del mismo país y hablasen el mismo idioma, siempre le gustaron las rosas blancas, porque decía que le recordaban a su madre. Hoy los pétalos le dejan sonrisas sobre aquella sabana tibia, bajo la luna llena que pronto se alejará.
El fabrica un gesto
como de sonrisa, la mira con tanto amor como minutos tiene el día, confiesa que la quiso como si fuese lo único valioso que pudo tener, deja caer una lágrima delante de toda la gente que ha venido para su despedida. Ella yace muerta sobre la cama tendida, el permanece a su lado, tocando su mano, y todavía susurrando... "solo esta dormida".
Parece que fue ayer que nos conocimos Nanikavam, estando tan distantes uno del otro existía un parecido muy grande que por momentos llegue a pensar que me habías robado la vida para disfrutarla al máximo. Tienes menos años que yo pero como los viviste, tus ojos han visto lo que tu corazón tardo en apreciar, pero aun así la inconformidad con el mundo sigue latente. Te has querido marchar muchas veces, sin dejar siquiera una nota de perdón, pero no hay nada que perdonar si la vida no es lo que nos dijeron. Debo confesarte que también he deseado no estar vivo, que muchas veces al pasar por un puente o mirar desde una ventana alta las ganas de terminar esta agonía me ha tentado la cabeza. La vida es un constante sube y baja, una ruleta rusa que a veces apunta a la sien y otras veces te da el premio mayor, como cuando de tu vientre nació un milagro y empezaste a mirar a los costados como síntoma de preocupación por la vida. Yo voy encontrando pequeñas razones en el camino para quedarme, aunque quizás nunca apriete el gatillo porque soy muy cobarde hasta para dormir.
La vida que llevamos tiende a ser muy corta Nanikavam, aunque tú ahora quisieras envejecer con una mano arrugada acariciándote el cabello bajo el frio de otoño, debo prevenirte que tal vez eso no suceda. Las personas como nosotros tienden a sentirse muy solas tres veces por semana, se refugian en la oscuridad y el silencio, no desean abrirle su alma al mundo exterior, se pone mascaras que cubran su desnudez y algunas veces, muy pocas por cierto, piden a gritos ser amadas tal y como son.
Nadie muere por amor me decías, que uno siempre renace de las cenizas, la pasión es solo un vicio al que hay que acostumbrarse, nadie tiene las cadenas suficientes para atraparte, aunque muchos veces hubieses deseado que así fuese. Estamos condenados a sentir un vacio en el pecho después de la medianoche, cuando todos duermen y salimos en busca de ritos paganos. No creemos en dios pero siempre lanzamos una plegaria cuando subimos a un avión o a un microbús, nos asustamos de los espejos rotos y temblamos cuando lloran los gatos. Vivir así tiene sus complicaciones, por eso que amarnos tal y como somos tiene muchas desventajas, mucho riesgo que casi nadie está dispuesto a correr, esa es la mochila más pesada que tenemos que cargar Nanikavam.
Tu corazón siempre tendrá compañía, la pequeña que nació de ti es lo mejor que te pudo pasar, son esas compensaciones que te da la vida como disculpas por no ser como nos lo habían contado. Yo tengo el amor de alguien que me quiere mucho, pero que no está conmigo, antes creía que eso era una ventaja, ahora pienso que es una cruz. Muchas veces he pensado que en algún momento ella me dejara de querer, que se dará cuenta que la vida sin mí sigue siendo igual de interesante, o que simplemente me llegara a odiar, porque las personas como nosotros, tenemos esa capacidad de echar a perder las cosas buenas. Nos autodestruirnos y no buscamos culpables.
La noche está por terminar Nanikavam, mírame aquí en esta conversación con vos, desnudando nuestras almas, mostrándonos miserables como casi nadie nos ve. Espero seguir visitando tu ventana cada vez que el destino lo quiera, deseo que cumplas tu sueño de envejecer con una mano arrugada tocando tu mejilla, viendo a tu hija
crecer y temblando cuando lloran los gatos. Es hora de despedirse de la luna, supongo que tú besaras la frente de Nicole que ya duerme, y yo besare la foto de mi chica que descansa en un lugar más lejano que el tuyo… Buenas noches Nanikavam y gracias por seguir ahí conmigo.

Me preguntas si alguna vez estuve muerto, te diré que sí, yo apenas nacía y ya supe lo que era entrar al averno, todos a mí alrededor lloraban lamentándose que quizás pude llegar a ser alguien importante, mi madre aun desorientada pedía una vez más por mí, quería que regresara a la vida, aunque solo llegue a ser un mediocre mas en el mundo.
Ocho horas después desperté de aquel sueño eterno, crecí como un chico casi normal, ame a mi madre como si fuera Albert Einstein y con el tiempo llegue a ser un mediocre mas en el mundo… era el precio que había que pagar por vivir.


Imagino un lugar silencioso, donde las personas llegan con flores en la mano, gafas oscuras y trajes negros, mucha gente reunida llorando diciendo que era un buen tipo aquel tipo, veo los rostros de aquellos y no reconozco a nadie, sigo caminando y empiezo a entenderlo todo. Unos metros más al fondo hay una tumba con mi nombre pero sin epitafio, ya sé porque nadie ha venido a despedirse… la lapida dice que moriré mañana.

Cuando pase por la calle Quilca fue para comprarme libros, uno que otro poster de John Lennon y todos las cintas de trova que podían existir, no sabía que esa misma calle se llenaba de prostitutas después de las siete de la noche y que los bares mostraban lo mejor de la vida bohemia cuando caía la luna.
Ahora que conozco mas de esa calle, de sus días y sus noches, sigo regresando para recoger lo que me falto comprar, lo que no se intercambia con dinero, aquellas pequeñas cosas de las que está hecha la vida… las emociones perdidas que llenan vacíos.

No fueron muchas mis amantes, si tuviera buena memoria las recordaría a todas, pero no las recuerdo, aunque quizás solo las pueda contar con los dedos de las manos, no fueron demasiadas porque no era muy bueno conquistando, me trababa la lengua si quería decirles algo lindo, me ponía nervioso si me miraban de frente, por eso me puse a escribir poesía.
Decían que era bueno haciendo poesía, mi amigo Carlos me pagaba para dedicarle poema a sus novias, y mientras él se acostaba con todas yo pude juntar dinero para comprarme libros de Kalil Gibran. Ahora él está casado y yo tengo un blog… no se cual de los dos saco mas provecho.

Nunca tuve tantos amigos como en la adolescencia, quizás patear una pelota me haya servido de mucho en mi vida social, porque yo siempre fui un tipo tímido, escaso de palabras y muy desconfiado. Los años pasan y casi no hablo con nadie, los amigos se mantienen pero en un nivel muchas veces lejano, cuando uno va envejeciendo los amigos van decreciendo, a nadie le gusta compartir el tiempo con un cascarrabias.
Me voy haciendo viejo, mas tímido y mas desconfiado, pero siempre recuerdo que hubo una época en que yo era el mejor de los amigos.

La muerte me llego un sábado por la noche, tomo forma de mujer y se metió a mi cama, me lleno de caricias, beso partes mías que nadie más se atrevió, se acomodó a mi lado, se apoyo en mi pecho para oír mis latidos, me hizo prometer que veríamos el sol cuando amanezca.
Cuando la muerte cerró los ojos yo me marche, trate de no hacer ruido y solo deje un papel con un nombre falso y un número telefónico que no era mío para despistarla. Pero hasta donde me han dicho, la muerte no cree en cuentos, cada día que pasa se que estoy viviendo gratis, aunque a veces pienso … que solo se están acumulando los intereses.

Los libros de Gibran me dijeron que existía un mundo allá afuera, los libros de Borges me dijeron que me los podía inventar, la poesía de Neruda me confesó que el amor existe, los escritos de Benedetti me confirmaron lo mucho que podía doler.
Es hora de salir a enfrentar al monstruo, hacerse su amigo, jugarle una broma, temerle de vez en cuando... pero nunca traicionarlo.

El amor algunas veces toco a mi puerta, yo nunca le hice caso, pensaba que esas cosas no servían, que debilitaban a uno. Muchas veces he salido huyendo por la ventana para no ser atrapado, otras veces me hacia el dormido y otras solo decía “no, gracias”.
La vida se toma revanchas con el que no le hace batalla, se desquita con terceras personas y compensa a quien nunca hizo meritos, pero a pesar de todo es muy sabia. Es por eso que escribo estas líneas casi sin fuerzas, no me queda aliento para nada, solo para decirle a ella… gracias por amarme con todos mis defectos.

Dijiste que ibas a volver, que yo era lo más importante de tu lista de prioridades, que no existe lugar en el mundo que quisieras estar que no sea a mi lado, dijiste que me amarías por siempre, que cuidarías mi vejez, por si llego a envejecer, me dijiste que tu corazón se quedo conmigo y que lo cuide mucho.
Me dijiste que el tiempo seria corto, que los meses pasan volando, que el día menos pensado llegarías en un avión rosado con otro boleto para mí. Pero no me dijiste que había algo entre líneas con letras chicas, no me dijiste que hasta que eso suceda… te iba a extrañar tanto que parezco morir sin pasar por la agonía.

Voy recogiendo tus pasos, de aquel hotel cinco estrellas donde hospedaste tus caricias, de la plaza mayor que luce más fría sin ti, de la puerta de la catedral donde te negaste entrar por cuestiones de credo, de las calles que ganaban prestigio al verte pasar.
Voy recogiendo tus pasos uno a uno por Lima la horrible, aunque después no sepa qué hacer con ellos… quizás solo desee que me hablen de ti.

No soy un tipo normal, le tengo miedo a las arañas, las ratas y hasta a las hormigas si se cruzan en mi camino, no salgo de mi casa los martes por cuestiones de precaución, no hablo más de cinco minutos con nadie porque termino aburriéndome o aburriéndolo, uso el número siete para todo lo que se me presente y estoy casi seguro que un bus terminara arrollándome en cualquier momento debido a mi enorme distracción con el mundo real.
No soy un tipo normal, pero me gustaría serlo cuando alguien como tú dice quererme mucho, para no asustarte... y que salgas huyendo de mi.

Despertar con la almohada arrugada se ha hecho una rutina, tirar las sabanas por el lado derecho, arañar el colchón y terminar con una pierna colgada. Dormir ya no es tan divertido si despierto sudando, temblando de miedo, gritando confundido, sin recordar mis pesadillas.
No sé porque se ha hecho tan difícil dormir solo ahora que la vida dejo de sonreirme.
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Desde hace tres minutos supe que te quiero como un loco, que cuando me miro al espejo veo un tipo feliz. Desde hace cinco noches me di cuenta que le haces falta a mi vida, no soporto mas los asientos vacíos en el cine o los conciertos.
Desde hace siete semanas he notado que estoy incompleto, que una parte de mi alma se fue contigo en ese avión. Desde hace diez meses llegue a entender que mi soledad necesitaba de ti… para tocar el cielo.

No basta con dejarlo todo entre sabanas, ni soltar lagrimas en el cine, no basta con tomarnos de la mano o mis labios toquen los tuyos cuando caiga la tarde, no basta con que me recibas cada noche con los brazos abiertos al llegar del trabajo, ni que guardes las palabras cuando sientas que no hay nada más que decir.
Hacen falta ausencias, silencios involuntarios, aromas que se pierden con el transcurrir de las horas, nos hace falta no estar cerca, para que cuando vuelva a verte… sea como la primera vez.

Aquella ventana por donde llegaba la noche, se pone indecisa ahora que no estas, se torna engreída, se cruza de brazos, parece distinta, parece dormida, como si te extrañara un poco mas.
Aquella ventana donde miramos la luna, se ha vuelto pagana, se ha vuelto tirana, se niega a abrirse… hasta que decidas regresar.