Hace cinco minutos la tuve entre mis brazos, jurando promesas que pensaba cumplir, ofreciendo mis manos, mi piel y mis besos, envueltos entre fuegos que derivan de mis ganas de vivir, las sabanas gastadas son testigos, junto a ese pequeño velador, donde dejamos un cigarrillo, dos copas de vino, tres preservativos y su ropa interior.Hace cinco minutos le dije que la amaba, como suelen decir los amantes en sus clímax de pasión, le regale mi anillo de fantasía, mi número telefónico y un verso trillado, que se dicen dos cuerpos desnudos que buscan el amor. Me miró despacio como queriendo llorar, suspiro muy hondo sobre la almohada caliente, apretó mi mano entre sus dedos fríos y al guardar silencio fui yo el que lloró.
Hace cinco minutos estaba dentro de ella, gimiendo palabras que nunca entendió, deje mi alma a sus pies como ofrenda, pero al salir de la cama mirando al vació, guardo su misericordia y frente a mi lo pisó. Le dije que se quedara para siempre, que yo seré el amante que siempre deseó, ella soltó una sonrisa diciendo: “no soy el vicio de nadie”, se vistió muy rápido y al cruzar esa puerta… me rompió el corazón.

























Las piernas mi tiemblan, los dedos de mis manos dibujan triángulos en el aire, mirando al vació trato de encontrar respuestas a las preguntas que nadie me ha hecho, divago haciendo comentarios torcidos, hablando sobre teorías inconclusas, muertos malheridos. Intento demostrarte que podre vivir sin ti, que la vida seguira su curso, pero mis manos tiemblan como si el mundo fuese a terminar cuando cierro los ojos y ya no te veo, como poder soportar una despedida.

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